domingo 15 de noviembre de 2009

algodón


que el algodón deje de ser una materia noble, contendedora, alusiva a la infancia y la suavidad y sea un elemento informe, que no se decide, que cede, que anestesia lo que no debe dejar de observarse.

sábado 10 de octubre de 2009

después

Sólo cuando caía me daba cuenta de no estar siendo. Antes de tropezarme creí ser dentro de algo. No sé cuánto puedo dar de mí sin antes soltar unas lágrimas cansadas. Cuanto antes empañe los vidrios, más temprano podré salir de ahí. Yo no quiero cuerpos. No puedo con ellos. Hoy sólo existen los espacios. Los espacios me existen. Me son, les soy. Ángulos, curvas o geometría. Las ventanas y las esquinas me asombran más que las personas. ¿Será que no puedo con su locura o la mía habrá entrado al plano de lo abstracto? ¿O es que hablo como ellos, con palabras resonantes y esculpidas pero vacías, carentes?
¿Es que alguna palabra dice algo? Si quisiera decir, ¿podría llegar a hacerlo? Sé que tengo influencias. ¿Es que hay algo que me pertenezca o soy un pegoteo de otros? Me pregunto si alguna palabra me pertenece, si algo de lo que digo viene de mí. Pero es que nadie tiene un mí. Nadie contiene dentro de sí ese nudo tibio y blando para guarecerse. Sin embargo, otros cuentan con pegotes más seguros. Yo me adhiero y me despego continuamente. Soy y dejo de ser. Creo algo y lo descreo simultáneamente. Entonces como ir allá, como caminar con alguna certeza de lo que seré mañana, de lo que querré, de lo que responderé.
Tal vez sólo puedo pensar en negativos. Sé lo que no quiero. Y continúo con la misma idea adolescente. Detesto el terreno plano. Una vida vacía y congraciada. Una cabeza que asiente, que dice sí, yo también. No quiero el estoy de acuerdo, me rehúso al así tiene que ser. Y no es sólo oposicionismo. Es conciencia de castración. De que no vine a rechazarme, a mimetizarme con la media. Si sólo dejara mi miedo a ser extranjera. El pavor a la diferencia es mi punto álgido. Y siento vértigo al nombrarla. La diferencia, lo que me separa del resto, mi palabra dura y fría, mi opinión discordante y mi movimiento torpe. No soy como ustedes y aparento serlo. Por qué. Que cambió, que parte de mi historia se esfumó que de pronto cedí ante los otros. Cedí y la vergüenza advino en toda su presencia silenciosa. Porque la vergüenza no habla y cuando lo hace miente, miente y es caradura. Parece ser siempre lo que no es. Siente una cosa y se desdice callando otra. Siempre vela algo de lo que teme mostrar. ¿Miedo a quién? ¿A la palabra de quién? ¿A la risa de quién?
La reacción del otro. El puto otro que en realidad es un Otro grande y anónimo. Anónimo en tanto no es un individuo, no es nadie singular al que yo tema, una persona con nombre propio. Es el Otro, el Otro... la alteridad absoluta a la que temo: el mundo con su gente y sus palabras, sus humanos que se lavan los dientes y se acuestan opinando y opinándose. Algunos más estúpidos que otros, algunos más animales.

Definitivamente la pre-existencia de dios sería un absurdo, un completo chascarro. Que me perdone su compasión si yo muero y él me apunta, pero no puedo creerle, no quiero. No puedo suponerlo. Todo se desvanece cuando parecía solidificarse. Todo parece ficticio e ilusorio a la luz de una lejanía. Qué más da si todo es un chiste gastado por nadie. Un abrir y cerrar con un largo intermedio de bla bla bla. Y después la muerte y ya está. Podredumbre, gusanos y restos de piel, cabello que sigue creciendo y parientes que nos lloran por mucho o poco tiempo.
Y aunque así fuera, aunque realmente no sucediera nada, entonces igual importaría la enfermedad. Porque nadie quiere vivir limitado, doliente, sangrante. Le tememos al senil prematuro que todos podríamos engendrar… aunque sin embargo… estamos enteros rasguñados pero no cambiaríamos a nuestro gato ni por nada.

miércoles 7 de octubre de 2009

Ah, sí. Más años sumergidos ideológicamente, te hacen más estúpido, las conversaciones son más chatas, los juegos son más aburridos, los dibujos son más asquerosos. Pónganse a dibujar: nos suicidamos. Hagan dibujos y después los comparamos con dibujos de los niños, van a ver. Salvo que alguno sepa dibujar, no creo que sea el caso.
Sí, claro, es mucho más divertido con los chicos. Nosotros somos mucho más estúpidos. También, hay que estar cuarenta años todo el día comprendiendo y evolucionando. Después sos un nabo, que no se puede creer.

martes 15 de septiembre de 2009

gocedeluno

quise fotografiar el olor, esa envoltura. simplemente no se podía. no bastaba con enfocar los ingredientes, los colores de las verduras, la salsa que se freía gorgorente sobre el fuego que expelía eso que mi olfato disfrutaba y lo embriagaba.

Pensé: déjalo ir, hay cosas que simplemente no se conservan.

lunes 10 de agosto de 2009

nadadenadadenada (y no como respuesta a un favor que hice)


¿Cómo es posible no poder escribir al menos una frase en semanas?
Es como si esperara la iluminación divina (que vendría siendo lo mismo que esperar la nada).
Pero es que no he podido. Lo que he escrito es mierda, más precisamente "textos incómodos" (¿Es que la mierda me incomoda?). La palabra que no calza, el adjetivo que perturba, la frase que nos avergüenza por su torpeza, el contenido patético e incluso pedante. Y claro, uno tiene su cuota de narcisismo (que varía sorprendentemente entre individuos) y no quiere subir palabrasdesastre que podrían ser leídas por otros.... ¿otros? Sí, Otros, otros, autre, Autre...
Sin embargo, hay algo claro: Querer escribir y no lograrlo es insoportable y difícil de explicárselo-a uno mismo- ¿Qué cambia (o permanece demasiado) entre un mes productivo y un mes completamente vacío? Carezco de motivos. (“productivo”… que palabra tan sesgada y sujeta al propio concepto de “utilidad”)
Quizás mi fascinación por la fotografía deja en desmedro mi escritura, quizás estar todos los días trabajando en un psiquiátrico me ha desdibujado la turbulencia creativa.
¿Pero no debiera ser al revés?... Las fotos como imágenes pregnantes, "imágenes prenda" como yo les llamo. Ese ángulo, ese objeto, esa luz que te hace decir. La foto, ese mensaje posible que pone en primer plano la ficción como verdad; que no tiene función sino destino: la palabra. La fotografía, tal como dice Giner, es escritura de tiempo, de un tiempo que es momento, lapso, instante de un tiempo que no es cualquiera porque se recorta, eterno, en un siempre ahora. (En otras palabras: ¿Cómo es que la muerte no me impulsa un texto?)
Si yo también soy espectadora de mis propias fotos y si es que es el objeto de arte el que interpreta al espectador al funcionar como objeto que causa su deseo porque captura su mirada pero sobretodo porque lo hace hablar ¿Entonces? Pero no, no escribo.
Y ahora el psiquiátrico... con tanto loco y su maravilloso lenguaje disgregado, con la esquizofrenia y su forma incomprensible (desde uno) de ver el mundo, con su falta de piel que o los hace sentirse perseguidos o por el contrario, grandiosos, profetas, héroes. Su falta de inscripción en el lenguaje, sus metáforas delirantes...
¿Es que todos ellos no debieran producir en mí un bombazo de escritura?
No, no lo está haciendo... habrá que buscar por otros lados más cercanos a "este lado" y dejar de imputarle la responsabilidad a aquello que "supuestamente debiera hacerme escribir"... buscaré de este lado entonces, allá voy (allá vamos, todas mis yo).




(¡Ocurrencia de último minuto!: Tal vez todas mis yo están extremadamente distanciadas, lejanas, imposibles de rozarse… ¿reunirlas unos momentos y escribir?)
Pd: ¿Y ahora como las reúno? Uf, prefería la anterior tarea.

viernes 3 de julio de 2009

rugido


Insistencia muda o pulsionar incesante ¿No es lo mismo?
Quiero que me digas cuánto nos quisimos, por momentos soy demasiado ociosa y te pregunto cuánto me amaste. Sé que hoy no puedo decidirme, sé que hoy fallo ante tu ruego. Creo que podré amarte cuando tenga tiempo. Sin embargo no me esperes, a veces las horas son demasiado lentas como para abrigar la tregua. Mañana iré a su casa y dejaré casualmente un cigarrillo encendido. No creas, no me creas si te digo que fue una contingencia. Querré dejar todo recuerdo abolido por una llama. Pero tampoco confíes en que lo haré, ya sabes que de día soy menos tendenciosa, logro guardar un secreto sólo por algunas horas. Luego repito e insisto. No me pidas lo que puedo darte, no me mires al lugar donde no puedo verte, el complemento no nos alcanza.
Besabas a otra cuando te dije “Sí. Esta vez lo haré”. Crees amarla, pero aparezco en tu fantasma. No trates de zurcir la herida, la cicatriz es irreductible. El amor no se despedaza por unos cuantos garabatos. ¿Te parezco difusa, entrecortada? Lo sé. Te molesta mi falta, mi no cuajar aunque alcance la temperatura. Pero insisto, no tengo la solución.
No la tiene él, no la tienes tú, no la tendré yo. Quisiera dedicarte una canción, sin embargo no doy con ella, las letras han sido interdictas, suprimidas por una prohibición. Es que no me canso, de aquí te miro, puto mundo. Pero pertenecemos al inagotable imaginario, y desde ahí estás enamorado. ¿Cómo quebrarte, como pedirte que te salgas, que te apartes, que la dejes?
Me iré cuanto antes. Sé que no te anudas al deseo, se qué prefieres su tibieza y yo soy tan repetitiva (y eso no cesará).
Repito porque no alcanzo, porque la palabra no viene a mí cuando la solicito, porque mi deseo no se corresponde con mi queja. Y la teoría me sabe a caca, aunque la anuncie, aunque me la prometa.
No sé si intensidad será la palabra. ¿Cuándo llega la palabra? Seguramente existe, pero no alcanzo a oírla. Tal vez ya ni recuerdes los poemas, Neruda parece muerto, pero palpita, al menos a mí me lo traen las olas, cuando estoy sola y pienso en ellas, en su mareo incesante, en su vaivén letal. Quisiera poder moverme, alzarme y gritarte. Desde lo alto tenerte. Pero te retrocedes, te agitas contra ella, la muy parecida, la muy igual. Pero te repito, no me creas. Tal vez algún día la odies y yo ya no te ame. Soy así, tediosa, me imbrinco en un imposible, en un real sin medida ni sentido. Para mañana un adiós. Cuando me traes yo ya no espero, solo quiero reproducir tu voz, no soporto la traducción de canciones, me resultan tan viscosas, tan pegoteadas en su sonido ácido. Hay un grupo de música, así se llama: Sonido ácido. ¿Te has puesto a pensar en lo que puede ser un sonido ácido? ¿Es lo mismo que un ácido sonido? ¿Puede dibujarse un sonido? Yo aún no lo pienso. Lo pensaré mientras tanto, si se dan las cosas, claro. Si das con la respuesta antes que yo, no dudes en llamarme. Mi número es xxxxxxx, antepón el 09. Es un celular.

sábado 20 de junio de 2009



en ese éxtasis
soy tu dicha
pero luego llueve y llueve tan fuerte
y la pintura se me corre, un río negro se me esparce

........

Mi gloria no es más que el festejo de un momento
papel protagónico
al soplar las velas
y luego?
el gran apagón. sólo puedo brillar un momento antes
de la muerte

........

ni mi rostro perdurará. ¿ya lo pensaste?
yo misma me desvanezco en cada palabra
la que digo y la que dices
se solidifican para luego liquidarse
somos pollos congelados
hielos
fuera de temperatura,
embutidos

lunes 15 de junio de 2009

todapalabraesparalítica




Pero finalmente tu cargas con tu pasado; que sólo se explica desde tu memoria, que no tiene nada que ver con la de tu madre. Pero creemos, necesariamente creemos en ese punto de comunión, en ese instante de intersección en donde yo y tu y ella y el resto nos enlazamos, nos mimetizamos y que alivio, estamos hablando de lo mismo, compartimos una historia, pertenecemos todos a un mismo encuentro.

Y yo te digo te amo y tú me amas de vuelta con la misma grandeza, con la misma intensidad. Y sin embargo tu grandeza abre un abismo con la mía, la que yo te doy, y no sabes por qué me amas pero sin duda lo haces y yo te amo sin comprenderlo pero ciertamente te amo, y así nos co-respondemos.

Mas nuestro amor no se toca, no se une en ni un nudo ni en desnudos, en ni una palabra más que en la que se lanza con la ilusión de lograrlo, y nos adormece y así, tibios, nos acomodamos: “nos amamos tanto y tan similarmente”.

Y tu te amo carga tanta urgencia, compensa tanta ausencia y el mío arranca tomando fuerza desde la locura, la impulsividad y el frenesí de no saber qué hago ni por qué motivos.

Pero estamos juntos y asombrosamente felices; hasta que dejamos de estarlo, y retrospectivamente comienza el en realidad nunca te quise demasiado, el siempre fuimos tan incompatibles.

Y yo me he enamorado nuevamente y la ilusión florece como la primera, como la que sentí contigo pero he olvidado, entonces nunca antes sentí esto, y vamos, una carrera, te amo, me amas, nos amamos y cuánto lo disfrutamos.

domingo 7 de junio de 2009

otracosa

¿No le ha ocurrido a usted ponerse a mirar un semblante ya conocido, clasificado, rotulado, y encontrar de pronto que es distinto, que es otra cosa, que repentinamente se intuye y se descubre? Es una experiencia aleccionante, se lo aseguro; puede repetirse con cualquier cosa, hasta con una palabra; me pasa a mi repetir diez, quince veces una palabra común y repentinamente darme cuenta de lo distinta que es al sonido y a la imagen que habitualmente tengo de ella…
(Julio Cortazar; en Cartas 1937-63 Tomo I)

viernes 5 de junio de 2009

y existen



Hay también una dimensión en las que no piensan ustedes lo suficiente, estoy convencido de ello, porque viven ahí como en el aire que respiran desde que nacieron, y se llama aburrimiento. Tal vez nunca han pensado hasta qué punto el aburrimiento es típicamente una dimensión de la Otra cosa, que incluso se llega a formular así de la forma más clara -quisiéramos Otra cosa. Estamos dispuestos a comer mierda, pero no siempre la misma.
J. Lacan. Seminario V

sábado 23 de mayo de 2009

quépodríadecirte

quemas aquí.
en este lugar impreciso
se horadan las palabras
se atraviezan
desaparecen

yo ya no juego
esparzo, sólo disuelvo
y

qué haces tú.

jueves 14 de mayo de 2009

trátate



Necesito hablar con Ella y no está.
Y no se trata de presencia. Ella aparece. La veo.
Sin embargo me olvida, me nubla con su palabra atenuante.
es que no sabe que de vez en cuando no quiero que me aminoren.
de vez en cuando deseo"quegraveestoquemedices"

Lloro más y con más rabia cuando me pide que me calme
"que no es para tanto" (que ya pasará, que soy fuerte, que exagero)
Y si exagero? Sí, tal vez exagere.
La mayor parte de las veces lo hago.

Pero hoy
hoy necesitaba hablarle y ser hablada por Ella.
Le demandaba un silencio, una negación, un no
Recibí un guante, un térmico, un sí.

jueves 7 de mayo de 2009

nomás


No quiero besarte largo
no te quiero neutro
no quiero ser la que te emplume

tu pérdida de placenta
no la desprenderá mi útero
no pertenezco a tu revolución.

martes 14 de abril de 2009

moríame.




Un rumor deja ver sus uñas, pareciera que juega conmigo. Desaparece justo cuando intento asirlo, explicármelo. Mi biografía permanece pero late sin continuidad, todo parece ser un montaje. Chispas de recuerdos, de omisiones, de fractura y olvido.

La memoria; ¿Cómo retenerla? Se miente a sí misma, le miente al resto, inventa tanto. Yo creo creerle. Sin embargo hay un lugar que me dice noesverdad, me dice los vacíos se llenan con literatura, los paréntesis se construyen con ficción.

Las frases retornan, arrojos de palabras regresan pendulantes, dando ruido a aquel lugar que creí templado, libre de toda duda.

martes 31 de marzo de 2009

no depende de mí.



Luchar contra el propio olvido; anestesiarme con palabras que apacigüen, que almohaden esta reivindicación, esta pelea contra la desmemoria.
Mi pasado tiende a huir. Los antiguos cuerpos retornar sólo en sueños. Sólo sé que existen por su aparición en esta otra lógica, allí donde somos otros, recostados, ausentes y abandonados.

Vivo de los lugares, las coordenadas espaciales. Conservo tan sólo las disposiciones, el orden de los elementos, su atmósfera. Las escaleras, las esquinas, los baños. Yo situada en ellos, con ellos. Nunca fuera, nunca espectadora. Los espacios me comen, les pertenezco. No retengo contenidos, las películas se me olvidan, se desvanece el nombre de los libros, su desenlace. Preservo los ejes, el escenario; el piso en Paris de Horacio Oliveira, la cama desordenada y repleta de discos de la Maga, el hueco donde Sergio Prim anhelaba refugiarse, el campo llano y trabajado de Hermelinda en “La manzana en la oscuridad ,las calles de Unamuno que recorría Don Augusto Pérez persiguiendo a la mujer, el escritorio desolado y pálido donde Pizarnik planeaba su suicidio, el convento oscuro de la Duda, el club de tenis donde Rimini era acosado por una mujer madura y deseosa, el circo colorido donde guillotinan a Rudecino Malleco en Juan Emar, el mundo mítico y colorido de Charlie y la fábrica de chocolates, el patético escenario que construyó Tony Manero, el tren al cuál le ladraba el perro de las trillizas de Belleville,la roca donde a la Mariscadora se le atasca la mano y el sol tenue y cruel que acompaña su muerte, la cárcel de Puig en El beso de la mujer araña, el árbol de Paul Vallery, la casa de Nietzsche en la cima del cerro, el hotel de Acapulco donde se quedan B y el padre de B en Bolaño, las calles de Londres recorridas por el personaje de Coetzee y su desconcierto.

Pero no me exijan contenidos, no me pidan cronología de historias, biografías, hechos. A lo sumo puedo establecer temáticas globales, sensaciones o flujos que se adosan a la realidad del relato pero que sin embargo no pertenecen a él. Preservo el estado interior, la huella que sopló en mí. Cierva de percepciones superficiales, del rastro que deja el lenguaje, de los espacios físicos donde se desenvuelven los sujetos, o yo.

Puedo olvidar tu historia. Perdóname si nada es lo que recuerdo, si olvido tu mortal historia. Sólo retengo el territorio, la curva de la escalera, desde dónde te miró, donde se encontraron, la gente que pasaba impávida por tu lado. Sin embargo, tampoco esto será fiel. También esto estará teñido por mi fantasía. Relleno todo espacio en blanco, agrego todo lo que faltó en tu discurso. Lo coloreo, lo asciendo, tapo de techo lo que tal vez sucedió al aire libre.

lunes 30 de marzo de 2009

.



mi libertad reside mucho más en lo que escondo que en la posibilidad de actuar de un modo u otro frente a la mirada luminosa de los demás.

miércoles 11 de marzo de 2009

señal



No podría volver a decirte lo de aquella noche. Sólo un balbuceo bastaría para quedar derramada dentro tuyo, ajena a toda hora, a todo calendario. Pero no me lo pidas, ya sabes que el comienzo no retorna, yo no recibo el amor en cuotas. Todo late y cae, como la pintura derramándose en la esquina, insidiosa, imposible de volver a compactarse, rehacerse.
Desaparecemos, nos ensimismamos, nos adormecemos en una confusión sin transacciones; se me olvidan tus partes, tus sombras, mis movimientos. Esta carrera no se detiene, no da tregua y aquí vamos; se inicia con la pluma y mi piel ya se contrae, reacciona. Tú haz cerrado los ojos, he crispado la superficie, la delgada línea que nos alejaba, ya te adentras y somos como dos deshidratados, dos sedientos indigentes en una lucha sin paraísos, sin contrarios ni compartimentos. Vas zurciendo estas piernas rotas de espera, de falsa tregua, de distancia obligada. El desvanecimiento es inaplazable, tus dedos trenzados y este charco de recuerdos que se envuelven furtivos, inapelables.
La historia tropieza en los sonidos, en tu jadeo, en mi cansancio impulsivo. El pasado es una manta envolvente, las uñas hieren la caída y arremetes con tu arrebato, tu desasosiego y a mí se me cae una lágrima que secas con tus codos; y la velocidad aumenta y casi gritamos los dos, demasiado fuerte, parece que lloramos, que nos vamos, que llegamos y caemos, que es imposible detener este abismo, este atajo que no hemos decidido tomar, esta condición predestinada, inefable; de recordarnos tanto, de retornarnos, de retrocedernos. Y ahora tú, gran lengua que se asoma, que se esparce, lamido único. Con mis manos despejo el estorbo, alivio la carga y aquí vamos, rodeados de nada, con la prisa sin espera, con demora sin atraso, con ritmo sin pausa ni lenguaje. Parecemos lastimados, sacados del tiempo, difuminados los rostros, desterrado el encierro, las líneas, las articulaciones.
Tan solo un casi; y ahora sucede, esta muerte minúscula, este paréntesis de vida, este estarse fuera de toda tierra, de toda raíz, de todo mundo posible. Y sucede, la caída es absoluta y de pronto el aire, la sábana, el sudor. Mi pie izquierdo late, sólo tu sabes que eso pasa cuando la realidad se instala nuevamente.

miércoles 4 de febrero de 2009

C.L

Al final que importa más: ¿vivir o saber que se está viviendo?

sábado 27 de diciembre de 2008

rumbo a mexico

La que se enamora no soy yo; es alguien que me trasciende pero lleva mi nombre.

domingo 14 de diciembre de 2008

De lenguaje


De Federico Willoughby Olivos.
Es bueno ir asumiendo que los chilenos tenemos fama de hablar el peor castellano del mundo. Y que por Internet los norteamericanos se pasan el dato de no venir a Chile a aprender español porque después no les van a entender en ningún otro
lado. Y okey, quizás no pronunciamos como los peruanos y colombianos pero no hablamos tan pero tan, tan mal... ¿o sí?


Hace poco, y con motivo del anuncio del retiro de Marcelo Salas del fútbol, el trasandino Marcelo Gallardo contó cómo habían sido los primeros días del “Matador” en River Plate. El mediocampista, además de alabar la calidad humana de Salas, contó la siguiente anécdota: “en un comienzo a Marcelo no se le entendía bien lo que hablaba, así que los compañeros de River me pedían que yo les tradujera sus palabras al castellano”. Lo curioso del asunto es que ese Salas, el de 1994, el que salió campeón con la U, nunca tuvo ese problema en Chile. Hasta donde uno recuerda, se paseó por decenas de programas de televisión, fue a varias radios y dio cientos de entrevistas y todos le entendimos perfecto.

Y aunque es cierto que el problema puntual que tuvo Salas al otro lado de la cordillera no tendría por qué definir si la calidad de nuestro idioma hablado es buena o mala, la verdad sea dicha; el relato de Gallardo confirma algo que los norteamericanos parecen saber hace mucho tiempo: que nuestro español es demasiado deficiente. No por nada, el 16 de septiembre de este año, en la página Web de Lonely Planet, un tipo contó que venía a Santiago por tres meses a estudiar español, y en vez de datos, recibió al menos cinco advertencias (de sus propios compatriotas) de que estaba cometiendo un tremendo error. “Yo no estudiaría jamás en Chile, el español de ese país tiene la peor pronunciación de todos los países hispano parlantes”; “sí, el peor español del continente”; “cortan las palabras a la mitad, usan demasiados modismos para hablar”; “el español que usan ya es difícil de entender para los argentinos o los peruanos, imagínate lo que debe ser para alguien que no sabe nada de castellano”. Esas fueron algunas de las respuestas... Para ser honestos, nadie en su sano juicio se atrevería a refutarlas.

Pero eso no es todo. Para más remate, en Internet está dando vueltas un chiste (bien malo) que dice: “¿conocen algún argentino humilde?, ¿un mexicano buen mozo?, ¿un colombiano honrado?, ¿un chileno bien hablado?”.

Entonces, si a Salas no le entienden los argentinos, si los americanos se recomiendan no venir a Chile y si además unos chistositos andan comparando nuestro manejo del idioma con la supuesta humildad del argentino, igual es como para pensar que quizás no hablamos tan bien...

(...)Eso sí, tenemos dos características que son particularmente graves. La primera tiene que ver con la pobreza de nuestro léxico. Nos batimos con un número bastante reducido de términos y usamos unos pocos comodines para hablar. Todo es la cosa, el hueveo, la huevada. Y con esas muletillas evitamos decir el término que corresponde a aquello que queremos hacer referencia. La segunda característica es la pronunciación. No sólo no pronunciamos la “s” final, sino que en general articulamos las palabras de forma poco clara y nadie nos entiende”.

Y esa falta de articulación y léxico suele quedar en evidencia cuando nos escuchan en el extranjero. No por nada, después del estreno de la película Taxi para 3 en España, los ibéricos acuñaron el término “se entiende menos que a tres chilenos en un taxi”.

“Uno de nuestros grandes vicios es la dificultad que tenemos para terminar las conjugaciones verbales. Se han vuelto demasiado común los estai, los querí, los podí, los tení...”

miércoles 3 de diciembre de 2008

derrameverbal


Deseo escribir banalidades. Querer hacerlo y no poder es asfixiante; el embrión permanece dentro y golpea insistente. Pero al parecer mi mano no está dispuesta a dejarlo salir; y yo estoy supeditada a ella. Quisiera escribir "A ella no le gusta fumar con el pelo mojado" o "Este café está demasiado caliente y me quema". Pero no lo logro. Desearía escribir que la gracia de un regalo está no en la cosa ofrecida sino en cómo ese objeto hará recordar al regalado el regalante. No sé, que se yo. Cosas así quisiera escribir. Pero no puedo. Tengo un deseo enorme de escribir ¿Te imaginas una ducha en silencio? el ruido de la ducha produce una especie de regresión, un encaracolamiento, una vulnerabilidad a pensar extrañezas. Algo así… agregaría "Las personas que usan reloj deben ser radicalmente distintas a las que no lo usan".
O "Nunca he ido a un spa” O “Cuando mi computador se enciende emite un ruido que yo antecedo mentalmente" o "No me gusta la mermelada, me gusta solo el juguito de la de damasco" o "Odio a Carla bruni" o "Me hacía pasar a una pieza, tenía que contarle mis sueños y yo lo hacía!" o "Esta caja de cigarros muestra a Pinochet moribundo en su publicidad antitabaco" o "Las estadísticas son la basura de lo normal" o alguien mira mi cenicero y me dice no te has fumado todo esto ahora, supongo. O "mi cicatriz se ha desplazado unos 20 cm desde que la herida se produjo". "Siempre apago el despertador antes de darme cuenta en qué posición me he despertado" "Me he hecho dependiente de los tapones para los oídos" "Pedro escribe mejor cuando está apurado" “Nunca soy, siempre me veo desde la alteridad”, “Ella nunca se queja”, “Elegir fe o sexualidad” “Según su hijo, le faltaba realismo” “Mantienen su anonimato por miedo a las consecuencias” “Lo acepto, he hecho algunas malas acciones” “¡Salud!” “La potestad de juzgar. Dios quiere esto, quiere esto otro” “Los osos polares están en la cima de la cadena alimenticia” “Para ser feliz tenemos que guardar secretos”. Me atraganto por escribir “Y lo mejor de todo, es que es totalmente gratis!” “Soplaré y soplaré hasta derribar la puerta” “La artritis, el reumatismo, la osteoporosis” “¿No había un zapatero aquí antes? “Todos somos un poco Rimbaud a esa edad” “No hay aventureros, solo hombres heridos” “Ella estaba reticente, lo sentí: ¿la causa? mal cogida, duelo reciente o dolor de muelas”.

viernes 21 de noviembre de 2008

las Y


¿Me creerías si te digo que ellas querían volver?
Deseaban volver a sentir sus hombros chocando con los marcos de las puertas, sus rápidas manos levantando los zapatos con que aplastaron las polillas la otra noche, acostarse en el suelo y mirar sus habitaciones desde abajo.
¿Me creerás?
Ellas ansiaban lamer los dulces con los labios vírgenes y rojos, pasarles la lengua suavemente, sin sentir su sabor guiñaban un ojo pálido. Necesitaban el vértigo del otro lado de sus palabras, el silencio que se cuela como sombra en una conversación entre dos desconocidos que se aman.
Quitarse el pelo con las uñas de las manos, sus manos comidas, encueradas, tatuadas de heridas rojas. Comerse un pedazo de piel. Ellas no contemplaban la posibilidad de masticarse las rodillas ni las mejillas. Pero sus dedos no les pertenecían, sus manos siempre eran impulsadas a tocar huidizamente como gusanos. Entonces se las llevaban a la boca, se despielaban, se sangraban. Pero continuaban viviendo; ellas, las vírgenes sangrantes; ¡sus frentes lisas!
¿Me crees?
Anhelaban un retorno, el privilegio de la imaginación que todo lo retrocede. Para ellas el tiempo puede detenerse. No importa la sucesión de hechos, de acontecimientos diarios. En un punto pueden desligarse, desprenderse del goteo de la cronología y sacar boletos para antes.
Entonces por estos días andan todas romanticonas. ¿Sabías que a medianoche se maquillan los párpados? Y salen a pestañear. Sí, se pasean por las calles de barrios que no son sus barrios y pestañean. Compran porquerías pestañando, detienen la micro y pestañean, se despiden con un pestañeo y pestañeando vuelven a casa. Todo bajo el amparo de un púrpura pálido, evanescente escenario de fondo.
¿Aún dudas?
Sin embargo tu escepticismo no es del todo inexplicable. Tú sabes que nunca he logrado ver. A ellas siempre las miré, entonces en todo aquello cuanto logré capturar, siempre estuve yo imbuida, colada. Reconozco, Raúl, me agota ser una infiltrada. Mi anobjetividad me marea de vez en cuando. Como con el alcohol, cuando llego borracha y te beso, te beso tanto como si fueras labio, puro labio y ya.
Pero luego se repite. Vuelvo a ser observadora. Entonces mientras ellas se desvisten yo fumo. Y a medida que el humo insiste delicioso, las vuelvo a mirar. A ellas, las que viven antes, las que son ayer. Y en cada pestañeo la noche se condensa sigilosa frente a sus espejos y ellas danzan y ríen frente a ellos, y se besan todas, a sí mismas, a su imagen bendita, acuosa.
Y así van congelando el tiempo en cubos. ¿Recuerdas como se bifurcaba la calle en que vivíamos? La ruta 6, llegado cierto punto, estiraba dos calles paralelas. En una tu, en la otra yo. Ha pasado tanto tiempo. Seré más gráfica. ¿La letra igriega? Así, así eran nuestras calles y el tiempo de ellas cuando lo congelaban cada noche para salir a pestañear. Por un lado sus cuerpos rotos, la corrupción del devenir invadiendo sus órganos; hacia el otro extremo, ellas, que se besaban en los espejos y que se pasaban las manos por el cuerpo y que chocaban contra los marcos de las puertas y observaban sus habitaciones desde abajo y..

miércoles 19 de noviembre de 2008

Pessoa. El libro del desasosiego.

Me gusta decir. Diré mejor: me gusta palabrear. Las palabras son para mí cuerpos tocables, sirenas visibles, sensualidades incorporadas. Tal vez porque la sensualidad real no tiene para mí interés de ninguna especie -ni siquiera material o de ensueño-, se me ha transmutado el deseo hacia aquello que crea en mí ritmos verbales, o los escucha de otros. Me estremezco si dicen bien. Tal página de Fialho, tal página de Chateaubriand, hacen hormiguear a mi vida en mis venas, me hacen rabiar trémulamente quieto de un placer inaccesible que estoy teniendo. Tal página, incluso, de Vieira , en su fría perfección de ingeniería sintáctica, me hace temblar como una rama al viento, en un delirio pasivo de cosa movida.
Como todos los grandes enamorados, me gusta la delicia de la pérdida de mí mismo, en la que el gozo de la entrega se sufre completamente. Y, así, muchas veces, escribo sin querer pensar, en un devaneo exterior, dejando que las palabras me hagan fiestas, niño pequeño en su regazo. Son frases sin sentido, que corren mórbidas, con una fluidez de agua sentida, un olvidarse de riachuelo en el que las olas se mezclan e indefinen, volviéndose siempre otras, sucediéndose a sí mismas. Así las ideas, las imágenes, trémulas de expresión, pasan por mi en cortejos sonoros de sedas esfumadas, donde una claridad lunar de idea oscila, batida y confusa.

domingo 26 de octubre de 2008

lo pido con modestia

INTERVENCIÒN


¿Còmo serìa- o què resultarìa- si en una obra, en un concierto de pronto alguien se sube al escenario?
Un espectador enloquece deliberadamente y trepa intrèpido por las pequeñas escaleras que separan al pùblico del espectàculo.
Y se apropia del escenario, lo interviene espontàneamente, recostàndose, bailando, estando.
El pùblico-ingenuo- y acostumbrado al nuevo concepto de "hacer partìcipe al observador en lo expuesto"; lo aceptarìa como un disparate posmoderno.
Pero, los actores, los mùsicos?
De seguro la banda de jazz que vi ayer se hubiera llenado de vèrtigo y sonrojo, pero hubiera incluido de alguna manera al pequeño ladròn, intentando pasarlo por integrante sorpresivo, improvisando el ritmo del piano o el saxo junto a èl.
Pero cuando no... cuando asistimos a una muestra estructurada ¿còmo se resuleve esto?.
El "profesionalismo" exige una respuesta ràpida, una acciòn que no paralize los acontecimientos, un "aquì no ha pasado nada".
De seguro, podrìa ser un tema para la escena de un divertido cuento. Cuento que estoy lejos de poder algun dìa escribir.
¿lo relatas tù?

viernes 26 de septiembre de 2008

inevitable


Pobre ser naufragado y corroído. Sufres de espasmos ante las últimas gotas que quedan en tu garganta. Siempre creíste que llegar a destino seria tan simple como coger maravillas del campo. Sin embargo ya debes saber que la palabra porta siempre una acepción doble-o infinita- cada vez que la pronunciamos.
Es que estamos mapeados y de vez en cuando abusamos de la ilusión por enrrielarnos.
Cuantas veces insistí en ponerme de rodillas ante tu gesto y suplicarte perdón por no querer asirme a tu cintura. No lo logré, soy desgreñada y me visto de luto sobretodo en las mañanas.
Intento no ceder ante la prisa que empuja a encircularnos y concluirnos pero siempre dispongo de un cigarrillo que me hace olvidar como anestesia.
Mañana llevaré flores a tu guarida y te consolaré hasta que juntos perdamos los huesos y los restos de carne virgen. No quiero oír el ruido de tu martillo en mis sienes ni en mi sexo, es que tus pisadas van y vienen como el silencio. Prefiero quedarme con ellas.

Evito rememorar la imagen de personas fallecidas- en vida he soportado más muerte que la que cualquiera tolera en el momento de la suya propia.
La corriente se ha llevado los últimos trozos de mi vigilia, solo me queda este pasado desabrido y lánguido como las arrugas de una mujer sin ojos ni mirada.
Quisiera desvanecerme pulcra en tu resplandor, donarte un par de piedras. Dormir sin culpa ni martirio. Nada se pierde por regalarse una pequeña muerte; que necesario es morir al menos una vez por día. Olvidarme del capricho de tu sombra; oscuridad empecinada y envidiosa.
Porto una cantidad de odio equivalente al amor que podría darte. Pero la posibilidad no le es útil a lo mundano.
Yo no se a quien me dirijo, supongo que todos llevamos dentro una persona en silencio, un otro ideal que nunca nos dejara oír sus pisadas; pero el crujido de la puerta que abre hacia aquí es prácticamente perfecto…todo un seductor.

Supongo que la vida se trata de eso, de intentar asir ese delirio de complemento, hallarlo de pronto estrujado entre tus piernas y la sábana llena de sangre.
Los pájaros nunca intuyen nada más que no sea peligro, hambre o reproducción. ¡Pero yo no me limito a la supervivencia! Odio su graznido indiferente; si al menos supieran la envidia que me dan sus plumas…